Uso de la fuerza o del poder para causar daño o dominar a una persona o a un grupo actuando contra su voluntad o intereses.
«(…) la actitud o el comportamiento que constituye una violación o una privación al ser humano de algo que le es esencial como persona (integridad física, psíquica o moral, derechos, libertades…)».
Seminario de Educación para la Paz-APDH, 1994.
Incluye todas las acciones u omisiones que perjudican la capacidad del ser humano de desarrollarse.
También incluye todo lo que perjudica la realización de las necesidades humanas básicas (fisiológicas, de seguridad, sociales, de autoestima y de autorrealización).
Violencia directa
Es «el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones». Puede ser física o psíquica, autoinflingida, interpersonal o colectiva.
Según José Sanmartín, la violencia es una conducta deliberada que pone la agresividad al servicio de ideas y creencias, que tienen en común la voluntad de dominar al otro.
Fernando Savater añade la violencia expresiva, «la del fanático que asesina para demostrar la grandeza y la sinceridad de su fe». Se trataría de una violencia desinteresada en cierto sentido y más centrada en las motivaciones «internas» del agente que en objetivos «externos».
Violencia estructural
Es la violencia generada por las estructuras, los sistemas de organización social (social, educativo, político, económico…). Por ejemplo, las migraciones humanas forzadas por la imposibilidad de disponer de unas condiciones de vida dignas, la explotación laboral, etc.
Violencia simbólica
Se trata de todas las representaciones mentales de la realidad (las palabras, los conceptos, los valores subyacentes…) que hacen posible la violencia (racismo, sexismo, homofobia…). Cuando son generalizadas se habla de violencia cultural o cultura de violencia.
Violencia institucional
«Conjunto de situaciones en las que las instituciones públicas, en vez de proteger a los ciudadanos, tal y como se establece en un estado de derecho, actúan de forma que vulneran los derechos de las personas por medio del ejercicio de la fuerza física o psicológica fuera de los supuestos establecidos por la legislación. Este término hace referencia a los casos en los que se genera un daño a una persona o grupo de personas en una situación no amparada por la legalidad. La vulneración debe haber sido cometida o permitida por parte de funcionarios públicos, de cuerpos o fuerzas de seguridad, de funcionarios penitenciarios o de agentes de la seguridad privada en funciones de seguridad en espacios públicos o colectivos en los que se ha llevado a cabo una delegación de las funciones de seguridad que son competencia del Estado. La violencia institucional implica una afectación a la integridad física y/o psíquica» (Irídia, 2017, p.4).
Tipos de violencia institucional son, por ejemplo, «malos tratos y tortura a personas privadas de la libertad; revictimización; fallecimientos de personas que se encontraban en custodia del Estado; discriminación a personas que pertenecen a la comunidad lésbica, gay, bisexual, transexual, transgénero, travestista e intersexual (LGBTTTI); uso desproporcionado de la fuerza; violencia obstétrica; acoso y hostigamiento laboral; violencia sexual y feminicidio» (Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, 2018, p. 78).